ROSTRO DIVINO

Rostro divino ensangrentado,
cuerpo llagado por nuestro bien;
calma benigno, justos enojos,
lloren los ojos que así te ven.

Manos preciosas, tan lastimadas,
por mi clavadas en una cruz.
En este valle sean mi guía y mi alegría,
mi norte y luz.

Bello costado, en cuya herida,
halla su vida la humanidad.
Fuente amorosa de un Dios clemente,
voz elocuente de caridad.

Tus pies heridos, Cristo paciente,
yo indiferente los taladré.
Y arrepentido hoy te adoro,
tu gracia imploro, Señor Jesús.

Crucificado en un madero,
manso Cordero mueres por mi;
por eso el alma triste y llorosa,
suspira ansiosa, Señor por ti.



La Cruz

La Cruz de Jesucristo es nuestra gloria
pues ella es la señal de que venció,
Fue allí, donde dio el grito de "VICTORIA"
clavado en esa cruz, nos redimió..

En ella padeció como un cordero
cumpliendo así la Santa Profecía.
Humilde fue llevado al matadero,
y aun daba bendición mientras moría.

Allí, Dios descargo su fiel justicia
tuvo que abandonar a su Hijo amado
porque lo vio cargado con la inmundicia
de nuestra trasgresión y vil pecado.

Mas fue también allí, que Dios mostraba
Su amor hacia el mortal, de tal manera,
que aparta de su Hijo la mirada
y abraza al pecador que en EL, espera...

Por medio de esa cruz, el ser más bueno,
fue hecho por nosotros maldición,
sufriendo aquel martirio, tan sereno,
que aun pronuncia, palabras de perdón.

Satán, queriendo hundir a Su adversario
al pueblo dio, el impulso criminal,
que hizo subir a Cristo hacia el calvario
y vio morir en cruz, a su rival.

¡Mas que fatal error! Cristo muriendo
consigue mas victoria que con vida.
La cruz al tentador le está diciendo..
Que su derrota fue definitiva..

Jesús venció el imperio de la muerte
limpiando con su sangre el vil pecado,
y al fin Satán tendrá su eterna suerte
al fondo del abismo despeñado.

La Cruz fue para Cristo, cual la meta,
de toda su carrera terrenal,
y allí llego triunfante, cual atleta cansado,
al realizar su esprint final.

Al hombre que a Dios niega irreverente,
la cruz le es un tropiezo, una locura..
mas a los que en ella creen, es el puente..
que une al Creador con sus criaturas.

La cruz de Jesucristo es nuestra gloria,
pues ella es la señal de que venció.
Allí vertió su sangre expiatoria,
el Mártir Celestial, que nos salvo.



Clavado en cruz

Clavado en cruz - Jesús murió,
Por mi maldad - Allí sufrió,
En mi lugar - El se encontró,
Mi salvación - Así compró.

CORO

Oíd la voz del Salvador:
"Mirad y ved si habrá dolor.
Cual mi dolor, y fue por ti:
Ven, alma ven, oh, ven a Mí."

La faz del sol - Se oscureció;
El velo en dos - Se dividió;
Al Hijo, Dios - Desamparó;
La maldición - En Él cargó.

¿Y puede ser - Sufriste así;
Señor Jesús - De amor por mí?
No puedo más - Me entrego hoy,
Sin más tardar - A Ti me doy.

EL VERDUGO

Sumiso, cual cordero que acompañan
Camino de su propio matadero,
Avanza entre la turba sin entrañas
el hombre más sublime y verdadero.

Cargado con la cruz, no retrocede,
Soporta con heroica valentía
Las burlas que continuas se suceden
haciendo interminable su agonía.

Lo azotan, y sus labios no maldicen.
Lo insultan, y sus ojos no condenan.
Sus manos doloridas, aún bendicen
a aquellos que por El lloran de pena.

Y asciende hasta la cumbre del Calvario
Cual mártir, sin quejidos ni lamentos.
Envuelven al Señor como un sudario
la sangre y el dolor de sus tormentos.

Lo clavan en la cruz y no se queja…
Levantan el madero y sufre horrores…
Su cuerpo se desgarra, mas El deja
que el hombre le descargue sus furores.

¿Pero es posible, oh Dios, tanta ceguera?…
¿No ven que aquel ser puro es inocente?…
No pueden acusarlo tan siquiera
de ser ante el dolor indiferente.

Con tanta enfermedad como sanaste,
¿no hay nadie que con pecho agradecido
defienda tu inocencia? ¡Qué contraste…!
hoy todos con temor se han escondido.

Los mismos que horas antes prometían
Su causa defender, lo abandonaron,
Y ocultan su vergüenza y cobardía
no lejos del que sufre el desamparo.

Y sigue allá en la cruz: mientras la gente
Le injuria sin piedad, hieren y afrentan.
El ruega con amor al Dios Potente
que aquel pecado atroz no tenga en cuenta.

¡Con cuánta abnegación sufre el martirio…!
¡Que amor tan sin medida está mostrando!…
Soporta aquel satánico delirio
y aún ruega por los que le están matando.

Su cuerpo está bañado en sangre pura,
De sangre inmaculada, redentora.
Rebosa ya su copa de amargura
pero El aguanta firme aquella hora.

Contemplo aquella escena horrorizado,
Al ver la crueldad de aquel proceso.
No entiendo por qué el odio han desatado,
ni por qué le traicionan con un beso.

Tratando de entender, sigo las huellas
De sangre que deja el Nazareno,
Y encuentro alrededor rostros de piedra
miradas ponzoñosas de veneno.

Verdugos con las caras impasibles.
Soldados con coraza en los sentidos.
Escribas, fariseos, insensibles
con alma y corazón empedernidos.

Me acerco y en mi ser siento el impulso
Rabioso de escupir a aquella escoria.
Allí están, los infames que yo acuso
del crimen más horrendo de la historia.

Les miro y mi sorpresa es pavorosa.
Los seres que yo encuentro allí delante,
Me miran con sonrisa maliciosa
y en todos se refleja mi semblante.

Mi cara, mi expresión, mis movimientos,
Lo mismo que un espejo reflejaban.
Y ahora, igual que yo, todos a un tiempo
con gesto retadores me acusaban.

¡Señor…! ¿Qué significa?… ¿por qué un yugo
me une en semejanza tan terrible?
Resulta, que yo soy el cruel verdugo
que esta crucificándote… ¡¡Es horrible…!!

Me siento avergonzado, confundido,
Al ver con realidad lo revelado.
El principal verdugo, sólo ha sido
la furia criminal de mi pecado.

Mis vicios, mis pasiones y rencores,
El odio, envidia, orgullo y vanidad,
Cual lanza y clavo fueron los autores
que dieron muerte a Cristo en realidad.

No quiero yo acusar con osadía
Ni a Herodes, ni Pilatos, ni a Caifás.
Si Cristo padeció, la culpa es mía.
no es noble que me excuse en los demás.

¿Por qué te irrita, oh mundo, el ver a veces
la imagen de Jesús crucificado?
Tú mismo que al mirarlo te enterneces,
también por culpa tuya fue clavado.

Quien puso a Jesucristo en el madero
No fueron ni judíos ni romanos.
Ha sido tu maldad, el verdadero
verdugo de aquel crimen tan villano.

Murió por el mortal que no merece
Ni amor ni compasión por su extravío,
Y gracias a su cruz, hoy nos ofrece
perdón para el pecado tuyo y mío.

¿Qué harás ante la gracia Redentora?
Acude con el alma arrepentida,
Que Cristo el Salvador te espera ahora
Dispuesto a darte amor y eterna vida.




*Creada con amor*