Entonces llegó Jesús con ellos, a un lugar que se
llama Getsemaní y dijo a sus discípulos;
Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro.

Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo,
comenzó a entristecerse en gran manera.

Entonces Jesús les dijo:
Mi alma está muy triste, hasta la muerte;
quedaos aquí, y velad conmigo.

Podemos ver claramente el dolor del Señor en el Jardín de Getsemaní.
Apenas horas antes de que los guardias vinieran
a tomarle y llevarle al sumo sacerdote,

Postrado en tierra, inclinado su rostro ya anegado
en un mar de tristeza, todos los pecados del mundo
se le aparecieron bajo infinitas formas en toda su
fealdad interior; tomólos todos sobre sí, y
ofrecióse en la oración, a la justicia de su Padre celestial para pagar esta terrible deuda.
Él lloró tan profusamente y con tanto sentimiento
que su sangre se mezcló con Sus lágrimas.

¡Cuanto dolor sentía a causa de los pecados de la humanidad!

¿Se ha preguntado usted alguna vez por qué lloró Jesús en el jardín - por qué sentía tanto dolor en
su corazón?

No era por el dolor que Él enfrentaría en la Cruz.
No, Jesús no deseaba rechazar la copa.

Yo creo que Jesús miraba hacia el futuro de la humanidad, hacia su segunda venida.
Y mientras miraba a través de los años, vio lo inconcebible.
Él vio a multitudes rechazar Su oferta de
salvación completa y sin costo.
Y Él vio el dolor y el sufrimiento que ellos enfrentaron como resultado de ese rechazo.

Jesús no lloraba por lo que debía sufrir
en la cruz, sino lloraba por las consecuencias
del pecado, lloraba por los perdidos,
por aquellos que le negaron, por todos los que
no aceptaron su oferta de amor.

Entre los pecados del mundo que pesaban sobre
el Salvador, yo vi también los míos;
pero también vi venir hacia mí como un río de
frescas y límpidas aguas, que por medio de ese inmenso sacrificio,
todos mis pecado fueron
lavados con su preciosa sangre, y todas mis
culpas me fueron perdonadas.

"Pero Dios que es rico en misericordia,
por su gran amor con que nos amó,
aun estando muertos en pecados, nos
dio vida juntamente con Cristo".

"Por gracia sois salvos por medio de
la fe; y esto no de vosotros, pues
es don de Dios". Efesios. 2: 4 y 8


Tú eres el sol que me ilumina,
el que disipa los negros nubarrones,
el que da luz a la existencia mía,
el dulce inspirador de mis canciones.

Tú eres la roca en la cual me apoyo,
el que me da tranquilidad, reposo,
el que colma mi vida con sus dones
y mi pecho de inefable gozo.

Tú eres el fuerte que mi sed aplaca,
~La sed de lo eterno, lo inmortal~
Tú me redimes y salvas del pecado
me guías a la patria celestial.

Tú eres todo, Jesús mío,
mi fe, mi esperanza, mi consuelo,
mi luz, mi canto, mi existencia,
la visión sublime de mi cielo.

Eduardo Palací