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"Bienaventurados (felices) los que padecen persecución por causa
  de la justicia  porque de ellos es el Reino de los Cielos" (Mateo 5:10)

 

La justicia aludida en esta bienaventuranza y que es causa de persecución,
no es la institucional y jurídica, administrada por expertos en esta materia,
sino la justicia personal administrada por la conciencia individual; una justicia
que es distintiva del cristiano que habiendo reconocido su naturaleza pecadora,
ha depositado su fe en 
Cristo y su obra redentora y regeneradora, y que a
consecuencia de esa fe es declarado
justo por Dios, como está escrito en la Biblia:

"Justificados, pues, por la fe tenemos paz para con Dios" (Romanos 5:1).

No se trata de un simple indulto administrativo sino porque Cristo,
el Justo, pagó 
por nosotros, los injustos. (1ª Pedro 3:18).

Perseguidos por causa de esta justicia: ¿por qué?.
En este mismo contexto bíblico Jesús dice:

"Vosotros sois la luz del mundo" y en Juan 3:18 dice también
"la luz vino al
mundo mas los hombres amaron más las tinieblas porque sus obras
eran malas".

El cristiano que vive como tal, constituye la mayor amenaza para la "moral"
de este
mundo, porque desenmascara todas sus inmundicias, por lo tanto debe ser
eliminado o
neutralizado a través de algún tipo de persecución, física o psicológica,
esto es, quemado
en la hoguera, ridiculizado u otras técnicas.

Esto viene sucediendo ininterrumpidamente a lo largo de los 20 siglos de
cristianismo pero sin menguar su capacidad lumínica ni opacar el gozo que
experimenta
el creyente en Cristo por sentirse instrumento de Dios para que otros
encuentren en la
noche oscura de este mundo, el camino a la verdadera Justicia,
Cristo, el que nos hace justos ante Dios y nos da la ciudadanía del Reino de los Cielos.

"Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento;
y los que
enseñan la Justicia a la multitud,
como las estrellas a perpetua eternidad" (Daniel 12:3)

  "Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón
es grande en los cielos".

 

Epilogo:

"Bienaventurados (felices) cuando por mi causa os vituperen y os 
persigan, y digan toda clase  de mal contra vosotros, mintiendo. 
Gozaos y alegraos porque vuestro galardón es grande en los cielos..."     

(Mateo 5: 11-12)                                                                                              

En estos dos versículos finales sobre las bienaventuranzas,
se nos considera felices y dichosos, y animados a gozarnos y alegrarnos a causa
del sufrimiento que inevitablemente, en alguna medida nos puede sobrevenir
por honor a Cristo.

Estos sufrimientos que pueden acosarnos, tienen tal variedad de características,
como  la capacidad de nuestra mente a imaginárselos, y siempre será una consecuencia   
de nuestra identificación con Cristo y su obra redentora. Indudablemente esto suena
como una gran paradoja, alegrarnos por sufrir, aunque sea por Cristo, pero ciertamente
no lo es: el apóstol Pedro, a este respecto exclama:
 

   "Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados"

(1ª Pedro 4:14). 

   El apóstol Pablo escribiéndole a Timoteo, le dice:
 
   "si sufrimos también reinaremos con él"    (2ª Timoteo 2:12).

Un largo listado de mártires de la fe, lo creyeron y lo consideraron
un alto honor  sufrir por causa de quien padeció los más atroces sufrimientos
por causa de ellos.

Pero aquí cabe una reflexión ineludible; en este mundo, el sufrimiento es en la vida
del hombre una experiencia inevitable, pero podemos en buena medida elegir las causas.

Podemos elegir sufrir por hacer el bien.   
Podemos elegir sufrir por hacer el mal.
Podemos elegir sufrir por motivos santos.   
Podemos elegir sufrir por motivos impíos.  
Podemos elegir sufrir por causa de Cristo.  
O tenemos que sufrir por haber elegido a Satanás.

Elegir por Cristo reportará  dolor temporal pero paz en el corazón aquí
y dicha eterna en los cielos.

No elegir por Cristo equivale a hacerlo por Satanás y esto reportará algún tipo
de satisfacción momentánea pero consecuencias dramáticas aquí, ahora (bástenos
visitar hospitales, cárceles, reformatorios, cementerios, hogares destruidos, 
o la intimidad de nuestro ser), y condenación de nuestra alma por la eternidad.

Una simple reflexión concienzuda no nos dejará dudas sobre la elección
que nos conviene.

Si Ud. está obnubilado por los placeres que el mundo engañosamente le ofrece,  
hoy todavía está a tiempo para cambiar su destino, reconociendo a Cristo como
su único y suficiente  Salvador y ponerse del lado de los que viven la dicha
de sufrir por Cristo.

 "Pues considero que las aflicciones del tiempo presente
no son comparables con la gloria venidera
que ha de manifestarse con nosotros".

(Romanos 8:18)

Con esta última bienaventuranza terminamos esta hermosa serie de bendiciones
que podemos recibir; es como una caja de bellas flores que Dios en su misericordia
nos ofrece, para que vivamos una vida verdaderamente "dichosa."

"Casi todas las alhajas de Dios;
son lágrimas cristalizadas."

                                                                                                    Enos Serra

 

 
 

*Creada con amor*