"Bienaventurados (felices) los que tienen hambre y sed de justicia,
porque ellos serán saciados" (Mateo 5:6)

 

El pasaje presenta tres necesidades del hombre:

1.      la satisfacción o felicidad.

2.      la necesidad primera y esencial de supervivencia.

3.      la justicia.

 La humanidad entera clama por justicia porque se siente continuamente vulnerada en sus derechos
y piensa que si esta estuviese correctamente administrada, muchos de sus males desaparecerían
y no hay duda que es un clamor legítimo.

Pero debemos admitir que la justicia humana raramente se cumple como tal.
Cuando pensamos en la justicia, inevitablemente nuestra mente piensa en Dios y allí es precisamente
a donde nos conduce el texto: tener hambre y sed de justicia es tener hambre y sed de Dios y su obra purificadora en nuestra vida.

¿Cómo debemos buscar a Dios y su señorío?

Como la necesidad del alimento, para no morir. Lo que comemos determina no sólo nuestra
supervivencia sino nuestra calidad de vida.

 Si hacemos que Dios sea nuestro alimento diario, no sólo aplacará nuestra sed y hambre
sino que se producirá en nosotros el milagro de experimentar la tan ansiada felicidad y satisfacción.

"Justificados pues, por la fe, tenemos paz para con Dios
por medio de nuestro Señor Jesucristo"
-
(Romanos 5:11)

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de Dios, porque ellos serán saciados.

                                                                                   Enos Serra



 

*Creada con amor*