Amor al Prójimo

Todos los miembros del pueblo de Dios tenemos entre si una mutua solicitud:
si sufre uno de los miembros, todos los demás sufrimos con el, y, si es honrado
uno de los miembros, nos alegramos con el todos los demás.

Es porque escuchamos y guardamos estas palabras:
“Les doy un mandamiento nuevo; que os améis los unos con
los otros”.

No con un amor que degrada, ni con el amor con que se aman los seres humanos
por ser seres humanos, sino con el amor con que se aman por ser hijos del Altísimo,
de manera que somos hermanos de su Hijo único y nos amamos
entre si con el mismo amor con que Cristo nos ha amado, para que encontremos
su plenitud y la saciedad de todos los bienes que deseemos.

Entonces, en efecto, todo deseo se verá colmado,
cuando Dios lo sea todo en todas las cosas.

A pesar de ser malas las obras de los hombres, la misericordia de Dios no abandonó a los humanos.
Y Dios envió a su Hijo para que nos rescatara, no con oro o plata,
sino a precio de su sangre, la sangre preciosa de aquel Cordero sin mancha.
Tal ha sido, pues, la gracia que hemos recibido.

Vivamos, por tanto, dignamente, ayudados por la gracia que hemos recibido
y no despreciemos la grandeza del don que nos ha sido dado.

Si quieres alcanzar misericordia, sé tú misericordioso antes de que venga;
perdona los agravios recibidos, da de lo que tienes.

Lo que das ¿de quien es sino de El?
Si das de lo tuyo, es generosidad, pero porque das de lo Suyo
Es devolución.

¿Qué tienes que no hayas recibido?
Estos son los sacrificios agradables a Dios:

La misericordia, la humildad, la alabanza, la paz, la caridad.

Nosotros no éramos ni somos buenos; Y con todo, Dios se compadeció
de nosotros y nos envió a su Hijo a fin de que muriera, no por los buenos,
sino por los malos; no por los justos, sino por los impíos.

Dice en efecto las Escrituras:

“Cristo murió por los pecadores”.

Es posible encontrar quizá alguno que se atreva a morir por un bienhechor;
pero, por un inicuo, por un malhechor, por un pecador,

¿Quién querrá entregar su vida, a no ser Cristo, que fue justo hasta tal punto
que justificó incluso a los que eran injustos?

El que ama a su hermano, permanece en la luz,
y en él no hay tropiezo.
~1° Juan 2:10~

Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida,
en que amamos a los hermanos.
El que no ama a su hermano, permanece en muerte.

Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida;
y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna
permanente en él.

En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida
por nosotros; también nosotros debemos poner
nuestras vidas por los hermanos.

Pero el que tiene bienes de este mundo
y ve a su hermano tener necesidad,
y cierra contra él su corazón,
¿cómo mora el amor de Dios en él?

Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua,
sino de hecho y en verdad.
~1° Juan 3: 14-18~

 

 

 
 


*Creada con amor*