“Alegraos, oh justos en el Señor; en los íntegros es hermosa la alabanza.

Aclamad a Dios con arpa; cantadle con salterio y decacordio.

Cantadle cántico nuevo,
Hacedlo bien, tañendo con júbilo”.
(Salmos 33: 1-3)

Despójense de lo antiguo, ya que se los invita al cántico nuevo.

Nueva criatura, nuevo Testamento, nuevo cántico, el nuevo cántico
no responde al hombre viejo.
Solo pueden aprenderlo los hombres nuevos, renovados de su antigua condición de pecadores,
por obra de la gracia y pertenecientes al nuevo Testamento, que es el reino de los cielos.

Por él suspira todo nuestro amor y nuestro corazón canta el cántico nuevo.

Pero es nuestra vida, más que nuestra voz, la que debe cantar el cántico nuevo.

Ahora hermanos, los exortamos a la alabanza de Dios;
y esta alabanza es la que nos expresamos mutuamente cuando decimos:

Aleluya , Alaben al Señor”, nos decimos unos a otros.

Pero procuremos alabarlo con todo nuestro ser, es decir no solo
de lengua y voz se puede alabar a Dios, sino también con nuestro
interior, nuestra vida, y nuestras acciones.

“Canten al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles”.

Con estas palabras se nos exhorta a cantar al Señor un cántico nuevo. El hombre nuevo
sabe lo que significa ese cántico nuevo.

Un cántico es expresión de alegría y gozo del corazón.

¿Quieren alabar a Dios? Vivan de acuerdo con lo que pronuncian
sus labios.

Ustedes mismos serán la mejor alabanza que puedan tributarle,
si es buena su conducta.

Alabamos al Señor cuando nos reunimos en la iglesia; y cuando volvemos a casa,
parece que cesamos de alabarlo.

Pero, si no cesamos en nuestra buena conducta, alabaremos continuamente a Dios.

 

Dejas de alabar a Dios cuando te apartas de la justicia,
y de lo que a él le place.

Si nunca te devías del buen camino, aunque calle tu lengua,
habla tu comportamiento; y los oídos de Dios atienden a tu corazón.

Pues, del mismo modo que nuestros oídos escuchan nuestra voz,
así los oídos de Dios escuchan nuestros pensamientos y las intenciones de nuestro corazón.

Bueno es alabarte, oh Jehová,
Y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo;

Anunciar por la mañana tu misericordia,
Y tu fidelidad cada noche,

En el decacordio y en el salterio,
En tono suave con el arpa.

Por cuanto me has alegrado, oh Jehová,
con tus obras;
En las obras de tus manos me gozo.

¡Cuán grandes son tus obras, oh Jehová!
Muy profundos son tus pensamientos.
~Salmos 92: 1-5~



      

  


*Creada con amor*